Dr. Hernán Loya / Psicología Clínica / Asesoría Familiar /Asesoría Conyugal
Para comprender de mejor forma a nuestros hijos, es importante entender tres temas: las emociones, el estilo de vida y el “buen” padre.
Para comprender de mejor forma a nuestros hijos, es importante entender tres temas: las emociones, el estilo de vida y el “buen” padre.
Las emociones.
Nuestras emociones se basan en nuestras creencias y en nuestros propósitos; sentimos como creemos, como pensamos. Por ejemplo si creemos que los niños no son capaces de defenderse solos, entonces sentiremos angustia y actuaremos sobreprotegiéndolos.
Lo niños aprenden a utilizar sus emociones para alcanzar uno o más de los cuatro objetivos. Por ejemplo: considere al niño que ha descubierto el poder que existe detrás de las lágrimas: podrá usar las lágrimas para lograr que se haga lo que él quiere, como una excusa para no enfrentarse a la realidad. Sus padres se sienten culpables y tratan de enmendar lo que creen sus propios errores: sin embargo, recuerde que los niños no siempre están conscientes de sus propósitos.
Una vez que los padres reconocen cómo los niños pueden utilizar sus emociones para manipularlos, se encuentran en mejor posición para influir sobre sus hijos.
El estilo de vida.
Vivimos de acuerdo con nuestras opiniones, ellas caracterizan nuestro estilo de vida. En los primeros años de nuestras vidas desarrollamos opiniones sobre nosotros y sobre los demás, lo que es importante en nuestras vidas y como debemos actuar para poder “pertenecer”.
Es importante conocer los cuatro factores que contribuyen a la formación del estilo de vida de nuestros hijos, porque una vez que estemos conscientes de estos componentes, nos encontraremos en mejor posición para influir positivamente sobre ellos. Estos factores son: La atmósfera familiar y sus valores, el sexo, la constelación familiar y los métodos de educación.
1.
La atmósfera
familiar y sus valores.
Es el patrón de relaciones humanas, estructurado al interior de la familia y generalmente es fijado por los padres. La atmósfera familiar oscila de una actitud competitiva a una cooperativa, de la amigable a la hostil, de la autocrática a la permisiva, de la ordenada a la caótica. La atmósfera familiar ofrece a los hijos un modelo de relaciones humanas.
Los
pensamientos y convicciones marcan las conductas de los adultos, los niños no
permanecen neutrales ante estas circunstancias en las que se desenvuelve la
familia, sintonizan dichos pensamientos y convicciones y actúan conforme a las
mismas.
Sin embargo en
una familia a veces se presentan opiniones divididas, porque los progenitores
no necesariamente coincidirán siempre, cada niño dependiendo de factores como
las alianzas e identificaciones con uno de sus progenitores, decidirá qué ideas
aceptar o rechazar, antes de que éstas se conviertan en valores familiares.
2.
El papel del
sexo.
Los roles que los padres juegan, es una guía para sus hijos. Los niños creen que los hombres deben ser como su padre, y que las mujeres deber ser como madre. Basan sus actitudes hacia su propio sexo o hacia el sexo opuesto, en lo que han observado en sus padres. Es importante que los padres vayan insertando en sus acciones cotidianas conductas que promuevan la equidad de género, para que los hijos no terminen creyendo que hay responsabilidades exclusivas de varones y de mujeres.
3.
La
constelación familiar.
El lugar que
el niño ocupa entre sus hermanos: primogénito, segundo, tercero, hijo menor,
hijo único, influye a menudo en sus actitudes.
Cada niño tiene una posición diferente en la familia y percibe todos los sucesos desde su punto de vista, lo que determina su comportamiento, por ejemplo el hermano mayor, puede mostrar ante sus hermanos menores, conductas directivas, similares a las de los progenitores, porque considera que es responsable del cuidado y protección de los más pequeños.
La
competencia entre hermanos influye significativamente en el desarrollo de la
personalidad. Como resultado de la competencia, donde un niño tiene éxito, otro
se desanima. Generalmente un niño está más fuertemente influenciado por el
hermano que más se diferencia de él. La intensa competencia entre hermanos
influye en la formación de la personalidad.
La posición de los niños en la familia generalmente puede ser descrita de acuerdo con las siguientes características:
El primogénito: es por un tiempo un hijo único. Recibe una atención preferencial, pero luego, al llegar el segundo hijo, repentinamente es destronado. El niño sigue queriendo ser el primero, y lucha por mantener esa posición. Cuando ve que no puede mantener su supremacía a través de un comportamiento positivo, buscará ser reconocido de alguna otra manera, mostrando conductas no deseadas para los adultos.
El segundo hijo siempre está confrontando con alguien que lo precede. Este niño puede sentirse inadecuado porque es incapaz de mantenerse a la altura de su hermano mayor. Puede tratar de lograr un lugar especial volviéndose más de lo que su hermano mayor es o no es, volviéndose más agresivo o más pasivo, más dependiente o más independiente, más social o más autosuficiente.
Si nace un tercer hijo, el segundo tiene una posición intermedia. El hijo del medio frecuentemente se siente excluido, privado de los derechos y privilegios que tienen el mayor y el menor. El hijo del medio puede llegar a pensar que la vida es injusta, o puede decidir superar la posición de “desventaja”. Este niño tiende a preocuparse mucho por la justicia y por la adhesión a las reglas.
4.
Métodos de
educación.
Nuestra propia educación influye en nuestro comportamiento actual como padres. Por ejemplo: si nos han educado con métodos autocráticos, nosotros reproducimos esos modelos con nuestros hijos, pero nuestra educación no siempre da los resultados que nosotros esperamos, es el niño, quien decide cómo debe responder.
En respuesta a estas cuatro influencias principales: los niños desarrollan sus convicciones y objetivos a largo plazo. Si pueden satisfacer sus objetivos inmediatos a través de actos constructivos, se vuelven colaboradores.
• El “buen” padre.
En esta propuesta, “Buenos” padres, se considera a aquellos que están tan dedicados a sus hijos que creen que deben hacerlo todo por ellos. Los buenos padres generalmente tienen buenas intenciones, su comportamiento les roba a sus hijos la autoconfianza y la independencia, creyendo que el comportamiento de los niños refleja su competencia como padres. Preocupados por su propia imagen en la comunidad, asumen las responsabilidades de sus hijos para que “salgan bien”.
Hacen esto,
en lugar de respetar a los hijos, y permitir que aprendan por experiencia
propia. Los compadecen y sobreprotegen de todas las consecuencias que puedan
sufrir. Una sociedad que se preocupa demasiado por los errores es experta en
desanimar a sus miembros. Si creemos en un acercamiento democrático y buscamos
tratar a nuestros hijos como iguales, debemos permitirles que tomen decisiones
y que experimenten las consecuencias de las mismas, también debemos confiar en
la capacidad de nuestros hijos de aprender a través de las consecuencias de las
decisiones tomadas.
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