Dr. Hernán Loya / Psicología Clínica / Asesoría Familiar /Asesoría Conyugal
Uno de los medios más importantes para mejorar las relaciones entre padres e hijos es la estimulación. La estimulación es el proceso mediante el cual usted enfoca las cualidades y potencialidades de sus hijos para ayudarlos a desarrollar confianza en sí mismos y la autoestimación, los padres que estimulan a sus hijos los ayudan a aprender de sus errores y a aceptarlos.
Uno de los medios más importantes para mejorar las relaciones entre padres e hijos es la estimulación. La estimulación es el proceso mediante el cual usted enfoca las cualidades y potencialidades de sus hijos para ayudarlos a desarrollar confianza en sí mismos y la autoestimación, los padres que estimulan a sus hijos los ayudan a aprender de sus errores y a aceptarlos.
En las familias
autocráticas los niños adquieren el sentido de su propio valor aceptando
premios y castigos, de aquellos que están en posición de poder, consideran que
cuando se han equivocado es válido ser castigados, entonces desarrollan una
conducta de sumisión, que no es compatible con la dignidad de una persona.
En otros
casos, el castigo genera conductas de oposición y revancha.
Ayudar a sus hijos a construir sus sentimientos de autoestimación puede exigir que usted cambie su estilo de comunicación usual y sus patrones de comportamiento. En lugar de enfocar los errores de los niños, señale todo aquello que ellos hacen bien, y que a usted reproduce satisfacción y agrado, esto genera más conductas indeseables.
A menudo en las relaciones cotidianas con nuestros hijos, nuestros ideales no coinciden con nuestras intenciones, y hay razones para ello; en general, nos desanimamos de nosotros mismos y desanimamos a los hijos.
Los padres que deciden convertirse en personas más estimulantes deberán primero, eliminar las siguientes actitudes y reacciones:
Expectativas negativas.
Las fuerzas más poderosas en las relaciones humanas son las expectativas. Ellas se comunican a través de las palabras y de los gestos. Los niños sienten interiormente las expectativas de los adultos y las hacen suyas. Por ejemplo, cuando creemos que un niño no va a tener éxito en una tarea difícil, de una u otra manea se lo comunicamos. Entonces el niño comienza a dudar de sus habilidades y se comporta de la manera que esperábamos: fracasa.
Objetivos desproporcionados por ser demasiado altos.
Establecemos objetivos que es imposible que nuestros hijos alcancen: esperamos que sus dormitorios estén muy ordenados y limpios, las tareas escolares impecables, su ropa impecablemente limpia, etc. Siempre decimos que esperamos que estén mejor la próxima vez, y les hacemos saber que, por bien que hayan estado, siempre podrían hacerlo mejor. Esperamos que hagan las cosas por encima de sus edades y de sus capacidades.
Incitación a la competencia entre hermanos.
Usualmente no nos damos cuenta de que incitamos la competencia entre nuestros hijos. Elogiamos al que tiene éxito, mientras ignoramos o censuramos al que no lo tiene. Las comparaciones pueden ser expresadas en forma no verbal: un gesto, una expresión facial, pueden da inicio a la competencia en forma tan efectiva como un comentario abierto, la competencia entre hermanos afecta sus habilidades y sus potencialidades, así como sus deficiencias. Con frecuencia un hijo se hace bueno en algo que su hermano no puede hacer bien. Este mismo hijo puede decidir no tratar de hacer las cosas que otro hermana hace bien, por el tenemos de no tener éxito. En efecto como los niños están compitiendo, a menudo ocurre un cambio definitivo; a media que usted trabaja en la estimulación de todos sus hijos, disminuirá la competencia entre ellos, se volverán más cooperativos y menos propensos a lograr un puesto a expensas de otro.
Demasiada ambición
Los padres con demasiada ambición desean se los mejores padres del mundo. Para lograr esto, insiste en que sus hijos sean excelentes. Esta actitud puede influir para que los hijos traten e no hacer nada a menos que estén seguros de éxito, y de que lo harán perfectamente. Evitarán aquellas tareas en las que vean un posible fracaso. En los hogares donde padres e hijos son demasiados ambiciosos, no existe el coraje de ser imperfecto. Po otro lado, algunos padres se preocupan cuando los niños participan solamente si pueden ser los mejores, estos padres pueden desear exteriormente que los niños no tuviesen esta actitud, pero, sin embargo, hacen comentarios como: “podrías hacerlo mejor si lo quisieras” o “sigue tratando”. Esto comentarios implican que valorizan a sus niño solamente cuando tienen éxito; de este modo, los padres ambiciosos están comunicando implícitamente a su hijo que no es lo suficientemente bueno.
Comportamiento Inconsistente
Muchos padres creen que pueden tener derechos y privilegios que a su vez niegan a sus hijos, la madre les ordena que recojan sus pertenencias de la sala, pero ella ha dejado los papeles e su trabajo regados en ese lugar. El padre se queja de que trabaja mucho por él día y que no deben pedirle que colabore en los quehaceres de la casa, pero exige que los hijos lo hagan después de venir el colegio.
Los niños reconocen los deberes y privilegios socialmente establecidos, tales como cierta edad para conducir el automóvil, pero cuando los padres se conceden derechos y privilegios que les niegan a sus hijos, esto les indica que ellos son subestimados en la familia.
Los padres que desean superar estas actitudes poco estimulantes, deben tener la suficiente voluntad para obligarse a seguir las siguientes actitudes:
• Aceptar a sus hijos tal y como ellos son, no como pudieran ser
Si queremos que nuestros hijos se aprecien a sí mismos como personas valiosas, debemos aceptarlos sinceramente tal y como ellos son, con todas sus imperfecciones; muchos padres creen que la manera de ayudarnos a mejorar, es fijándose en sus errores. Estamos convencidos de que estimamos a nuestros hijos y a veces se lo decimos, pero a menudo nuestros actos contradicen nuestras palabras. Les decimos que son una maravilla y luego, cuando no llenan nuestras expectativas, les manifestamos insatisfacción, debemos aprender a separar el hecho de quien lo hace. Los hijos no siempre se desenvuelven de la manera que nos gustaría.
• Ignorar los chismes
El prestar atención a los chismes tiene un efecto muy desalentador en los niños, ellos se valen de los chismes para aparentar ser buenos o para vengarse. Los chismosos llevan a cabo sus propósitos utilizando a sus padres; triunfan cuando el culpable es descubierto. Cuando los padres permiten que se les utilice en esta forma, están invitando a la “victima” a que use el mismo procedimiento la próxima vez.
Algunos padres se oponen a poner fin a la chismografía, tienen miedo a que sus hijos no les cuenten nada cuando alguien haga algo peligroso o dañino, los niños saben la diferencia entre el chisme y la información que se da a los progenitores, cuando alguien hace algo dañino o peligroso. Si el niño está involucrado en algo peligroso, recuerde este principio: ocúpese de la situación y no del ofensor.
• Sea positivo.
Después que los padres reconocen cómo ciertas creencias y actitudes encubren las intenciones de estimular a sus hijos, también deben estar alertas sobre cuáles son los hechos que interfieren o impiden la realización de esas intenciones. Un padre que estimula deja de hacer comentarios negativos acerca de su hijo, al presentarse el problema, este padre emplea métodos basados en el respeto hacia el niño, lo escucha, explora alternativas y aplica consecuencias naturales y lógicas. Si un niño le pide ayuda para llamar la atención o para liberarse de pensar o de trabajar por sí mismo, dígale que tiene confianza en él y en sus habilidades:”Tú fuiste capaz de hacer…antes, así tú puedes hacer esto ahora”.
• Tenga fe en sus hijos para que ellos la tengan en sí mimos.
Pocos serán los niños con confianza en sí mismos si sus padres no confían en ellos. Debemos aprender a no darle importancia a los errores de nuestros hijos, y a comunicarles nuestra confianza en ellos. Debemos estar alertas para enseñarles los aspectos positivos de sus esfuerzos.
• Resalte las contribuciones, habilidades y puntos fuertes.
Para sentirse seguros, los niños deben considerarse útiles y saber que sus colaboraciones se toman en cuenta. Ayude a sus hijos a sentirse útiles reconociendo sus habilidades y sugiriéndoles la forma en que pueden emplearlas para contribuir al bienestar de la familia; un niño puede ganar un lugar en la familia mediante su colaboración con la misma.
• Reconozca el esfuerzo y el progreso tanto como el resultado final.
Cuando los padres son muy exigentes (una mejor nota en matemáticas o el cuarto ordenado) algunos niños llegan a la conclusión de que son buenos sólo si alcanzan la perfección. El niño que tiene dificultades en matemáticas nunca las superará si sus padres ignoran su esfuerzo para mejorar. La estimulación implica expectativas razonables (paso a paso) y que aceptemos las faltas y los refuerzos del niño tanto como sus éxitos.
• Estimule en vez de elogiar.
Muchos padres confunden la estimulación con el elogio, no se dan cuenta que el elogio puede llegar a no ser una estimulación, a primera vista parecen ser lo mismo, porque ambos se centran en comportamientos positivos; para entender la diferencia más importante, consideramos el propósito y el efecto del elogio en contraposición con los de la estimulación. En efecto, el padre que elogia dice: Si haces algo que considero bueno tendrás el premio de ser reconocido por mí, el elogio es un intento de motivar al niño con premios.
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